Él: ¿Me lamerías?

Ella: Definitivamente.

Él: Muero por verte desnuda, comer tu boca…besar tu lengua. Ciertamente te estoy deseando mucho.

Imagino tus pechos, tú hurgando mi cuerpo, yo rozando tus piernas y tocándote conmigo.

Te deseo porque me resultas muy sensual, porque me encanta lo que veo hasta ahora, agonizo por sentirte más.

Ella: Entonces imagina que estoy sobre ti, que tomas mi cadera y me invitas a tu ritmo, rodeo con mi lengua tus rincones…sientes mi humedad?

Él: Te estoy sintiendo, te quiero mía ahora, entre mis piernas, mi pecho con el tuyo, ganas de penetrarte toda, que seas mía entera.

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Después de 16 años de matrimonio y tres intentos fallidos de arreglar nuestra relación, le pedí a mi ex marido que se fuera de la casa.

Hace muchísimo tiempo yo había dejado de amarlo, sólo me ataban mis dos hijos y una historia que lo hacía feliz sólo a él. El día en cuestión llegó cerca de las 06:30 a.m. a mi casa, me dijo que venía a ver a los niños antes de que se fueran al colegio y que además necesitaba llevarse un book de trabajo que había olvidado.

Pasaron por los niños y él continuaba allí, le dije que debía irme a la oficina, que me disculpara pero, tenía que ducharme para partir rauda a mi reunión…me respondió que se iba, que no me preocupara, te dejo la puerta cerrada.

Cuando salí de la ducha y pensando que estaba sola fui hasta mi dormitorio, él estaba escondido en el clóset, salió de la nada y me apretó contra una puerta, me miró fijamente y me preguntó por qué ya no lo quería (al escribir recuerdo esto y mi corazón bombea más rápido) aún no estaba completamente descontrolado y para ser honesta el tipo jamás se salió de madres…hasta ese momento.

Traté de ser muy cautelosa con mi respuesta pero, nada de lo que dije le pareció bien.

Comenzó a tratar de darme un beso y no accedí, volvió a insistir ejerciendo más fuerza sobre mí, no hablaba, ahora gritaba y sus ojos estaban fijos, casi sin parpadear. Me entumecí.

Me quitó la toalla, me lanzó a la cama con furia y me violó.

Yo…yo solo pude llorar desgarradamente, me dolía la vida entera.

Creo que mis sollozos lo hicieron volver en sí, me miró asustado, cogió sus pantalones y se fue, permanecí en la misma posición no sé cuánto tiempo, me parecía que el techo era enorme e infinito. Mis ojos ahogados, mi corazón devastado, mi intimidad golpeada.

Me fui a la oficina, entré a reunión, todo el mundo me miró… no pude contener mis lágrimas durante todo el camino, me abrazaron, nadie preguntó que me había pasado, contención si…la tuve, pero esta es la primera vez que confieso: mi marido (que aún lo era en ese momento) me violó.

Y me dijo: mientras seas mi esposa me debes respeto.

Hasta el día de hoy debo verlo, mis hijos lo aman y está bien, cuando ellos me dicen que sueñan con que algún día volvamos a estar juntos mi corazón se revuelca.

¡Jamás! Esa es mi respuesta.

Jamás, te voy a perdonar

La verdad, es que te extraño casi siempre… (reitero consecutivamente ese segundo de su audio donde se asoman sus emociones y me conmueve la entonación de su voz).

No nos conocemos, pero advertimos ser especies semejantes, nos perturban los mismos miedos, las mismas ansiedades, concordamos en que enamorarse es perder el alma (para jamás volver a encontrarla) y que aquel estado es una droga que te hace más necio que eficiente.

Tampoco aprendimos de nuestras desdichas anteriores…mediante mensajes hemos confidenciado la mayoría de nuestros dolores ,nuestras debilidades… presiento que cada uno en su fuero más interno, espera no volver a defraudarse de la raza humana (que cada vez está más inhumana).

Establecemos una cita.

Somos conscientes de que podría ser el inicio de muchas? No hay instante de pensar.

Una botella de vino, cigarrillos, una conversación extensa, noche fría, sonrisas, miradas, el frío que nos obliga a dejar el jardín, otra botella, manos que rozan de manera casual, miradas otra vez, el beso de él, la reacción de ella, el abrazo, las manos en su nuca, susurro al oído, más pasión en sus besos, respiración entrecortada, la pregunta de ella, la respuesta de él, una cama para dos, la ropa que cubre el piso, desnudez, debajo, sobre, te veo a los ojos, dame tu mano, que tal vez nos vamos a enamorar, que ya lo había pensado y hace cuánto estuviste con otro y hace cuánto estuviste con ella, una pausa, complicidad, un beso en la frente, te quiero ver mañana y hagamos el amor otra vez, no quiero que termine esta noche, me gusta verte sonreír.

Y pasan las semanas sin hablarnos, se nos olvidó eso de hacernos el menor daño posible? Fuimos como todos, como las historias que quisimos dejar atrás, nos ganó el miedo? Nos ganaron las heridas?

Te despides sin previo aviso, bloqueas mi número y ya no existes más.

El café, las pastillas, los cigarrillos, los insomnios, las peleas, el sexo, el amor.

Las piernas, las manos enlazadas, el sudor nuestro, la música, dos copas de vino.

La cama, tus sábanas, dos velas.

La mañana, el sexo otra vez, la sonrisa y una ducha.

Despedida, dos besos y el adiós.

Cinco de la tarde y al fin calor en Santiago, día habitual, gentío entumecido, aturdidos de ciudad, visten igual, caminan al mismo ritmo.

Entre ellos yo.

No te veo hace nueve meses, dos semanas, seis días, cuatro horas, veintisiete minutos y 8 segundos.

No me hablas. No me llamas. No me buscas. No existo.

Te hablé. Te llamé. Te busqué. Si existes.

Te di más de lo que poseía, te dije más de lo que convenía, te adoré más de lo que podía, asumí tus miserias como no debía.

Al menos te has ido para no regresar, has tenido el valor de olvidarme.

Vas a otras sábanas, a otros ojos y a otros labios.

Deseo que seas feliz.

Que seas insuperablemente feliz, tan perfectamente feliz que cuando estés en otra cama y en otros besos, extrañes mi cama, mi cuerpo, mis ganas y mis movimientos.

Me habría gustado que supieras que te quiero.

Yo siempre estuve suponiendo nuestro encuentro, te veía en una calle, un día de verano, tu piel mate, tu expresión a medias, nerviosismo en tus gestos, tu risa apenas dibujada.

Me habría gustado contarte que la última noche juntos en mi cama, pensé como iba a hacerlo todas las siguientes noches sin ti, traté de abrazarte sin dejar espacio en tu espalda, no dejé que se escapara ni un centímetro de piel. Me arrimé a tu cuerpo mientras dormías, olí tu pelo, lo peiné con mis dedos, besé tus hombros y pedí al universo que me concediera al menos una sola vez más este mismo instante.

Pondría replay al minuto en que estando tú en la ducha, descorrí la cortina y comencé a jabonar tu espalda… mi mano deslizándose en todos tus rincones, tu piel mía. Tú, vida mía.

Yo quería quererte como nadie.

Yo quería quererte como a nadie.

Yo quería darte todo el amor que un día te negaron, yo quería sanar a besos todas tus llagas.

Yo quería respirarte y que el dolor fuese mío, porque me pertenecía, porque prefería que me punzara a mí.

Si el universo no va a concederme verte, al menos le reclamaría que leas esto.

Ya no espero que sepas que te quiero.

No mi amor, sepas que te amo…con todo lo que habita en ti, te abrazo cada noche cariño mío, bebo tus lágrimas y consagro a ti las más clementes súplicas.

Me pertenecen nuestros instantes, tus ojos negros, tus ausencias y hasta tus silencios.

Te amo todo.

 

Que nada queme tanto, cómo mi cuerpo sobre el tuyo.

Quisiera tener la suerte de ser quién viaje a tu lado en un vagón de metro.

Quién trepando los escalones tras de ti, advierta tu pelo manosear el borde de tu chaqueta.

Ser quién te topes de sorpresa al abrirse una puerta.

Ser el amigo lejano que te abraza fuerte, después de mucho tiempo sin verse.

Ser quién camine junto a ti y rastree el perfume de tu ducha reciente.

Quién recoja el libro que devuelves y sin querer roce tu mano.

Quisiera ser la ventana que observas, la calle que pisas, la copa donde bebes, la cama que te arrulla, la ropa que te viste, la mano que te desviste, el lápiz con que escribes, la película que ves al menos tres veces, la muletilla que empleas constantemente, tú comida favorita.

Y si de querer se trata, quiero todo eso.

Pero más…te quiero a ti.

He imaginado nuestro reencuentro en múltiples oportunidades.

Si supieras cuán descomunales son los besos que tengo guardados para el día en que volvamos a vernos… (si es que así lo acomoda el universo o todo lo que sea omnipotente…aquellas deidades deben estar cansadas de oír mis súplicas en cada noche sin ti).

Te citaré en el mismo bar donde nos conocimos y esta vez seré yo quién espera al borde de la calle, beberé más de una cerveza, te veré más a lo ojos y al pedir el taxi de regreso a casa, vendrás conmigo.

Compartiremos mi cama y serán tuyas todas mis miradas y deseos.

Piensas que es un buen plan?

Yo si lo creo, y sólo espero poder llevarlo a cabo.

Te amo.