Polvo, polvo de amor

Enraizada a tu sexo,

a tu entrepierna,

al ir y venir de tu cadera.

Anclada a tu boca,

a tu boca irrazonable

a tu boca egoísta, víctima de tu boca.

Sudor, sudor de tu frente

gemido febril, febril gemido hecho placer.

Ropa, ropa al suelo

cama y en cuatro

cuatro, cinco, seis embestidas

derrota sobre mi espalda, besas tu lugar

lugar en tinta, tinta mía

tinta tuya, leche

simiente,

simiente dentro, profundo

ropa al cuerpo, duermo contigo

contigo dentro,

perder el miedo, el miedo a perder.

Yo

Que estoy:

adherida a tu carne

al río de tu pecho

al olor de tu cuerpo

y a tu nombre.

Que soy:

adicta a ti

a tu ir y venir

al gemido de tu garganta

al refugio de tus muslos

a la profundidad de tu boca.

Que estoy:

prendada de tu risa

de tu letra, de tu pena

de tu materia y tu miseria.

Que no me canso de:

buscarte/

adorarte/

salvarte/

defenderte/

Que no me rindo:

para declarar vida mía, que no hay sitio donde deje de quererte.

Falta

Rabia, rabia al hueso

El hueso a la carne, la carne a la olla

Olla a la mesa, la mesa a la silla

La silla a tu espalda, la espalda a la cama

La cama deshecha, la cama nuestra

La cama en falta, la cama en llamas

La llama al fuego, el fuego al agua

El agua a los ojos, los ojos a la ventana

La ventana al reflejo, el reflejo al pasado

El pasado a las suelas, las suelas a la tierra

La tierra a la semilla, la semilla al sol

El sol a la tristeza, la tristeza al lápiz

El lápiz a la mano, la mano al papel

El papel a nosotros, nosotros a quién?

Tarde, ocaso, puesta, crepúsculo

Herida, golpe, llaga, plaga

Rendirse, rotundo, rutilante, rabia, redundante

Palabras, mensajes, discursos, frases

Tú en el fondo, el fondo en mi vida

Mi vida sujeta a la tuya, la tuya sujeta a la mía.

Itinerario

Los días nublados llevan tu nombre.

El de Alameda #480, el de Santa Lucía, el de las calles de adoquines, el de la puerta de hierro, el de las baldosas en composé blanco y negro, el de escala de mármol y el pasamanos de bronce, el de Lastarria, de Rosal, el de Padre Luis de Valdivia, del café sureño, el de la barbería, de Merced, el de Bellas Artes y sus alrededores.

Los días fríos llevan tu nombre.

También la mesa cuadrada con las dos sillas metálicas de tu departamento, los individuales blancos con dibujitos, la cama que suena, el colchón añejo, el escritorio y la mítica lámpara verde de banquero (desde allí te escribo) las estanterías desiguales y tus libros, las cortinas de tupido género, la estufa, el pequeño frigobar, la minúscula cocina, las dos copas que te quedaban, la olla de acero, el wok, el hervidor que no se detiene por sí solo, las botellas de vino que coleccionamos en el arrimo de tu entrada, la tolla verde, la blanca y la concho de vino, la peineta de madera, las ventanas rectangulares de tu baño, el enchufe desarmado, el espejo y las gotas de agua disecadas.

Los días con sol llevan tu nombre, los de primavera, los de otoño.

Anoche y esta mañana también lo llevaron.

Así la camisa de sutil tela, los pantalones oscuros, los zapatos que tan bien te sientan, el reloj de tu mano izquierda, los lentes que ocasionalmente limpio, tus manos, tus ojos, tu boca, tu voz y sus distintas entonaciones, el miedo a que me dejes, el desvelo a que te vayas, las horas que no puedo verte, todo el tiempo que quiero besarte, todos los libros que quiero leerte, todas las noches que quiero cuidarte, todos los chistes que quiero contarte, las camas donde quiero amarte, las canas que deseo peinarte.

Debería extrañarte si me eres completo, absoluto, entero, íntegro, el conjunto y la totalidad?

Debo amor mío, claro que quiero extrañarte.

Añoro la madrugada en nuestra cama, tocarnos en la desnudez, murmurar soñolientos el amor, ver la misma ventana al desayunar, abrir la puerta a las 08:30 para dejarte ir, preguntar si llegaste bien, si a las 11 a.m. tienes hambre y si fuiste ya a almorzar, inventar panoramas para nuestra tarde, abrirte la puerta al volver, besarte como si hubiesen pasado meses, salir de casa y reiteradamente volver a besarnos en el ascensor, viajar de la mano por nuestra calle, reírnos de los habitué también de las mascotas y sus dueños, del tipo usurero del negocio de la esquina, pensar si vamos por unas O´hara´s y papas fritas con ambas salsas, o al restorant Vietnamita del mesero ese y sus toallas en forma de pastilla, o por las jarras de sangría del Gam y El Bajo, a quedar en ruinas después de ir a la Librería Prólogos, a la Tiendita Nacional, peor si es a Metales Pesados, ir por el desayuno y once al Café Mosqueto, estallar en risotadas cuando le cambiamos el nombre a las cosas, a los negocios, a los sustantivos y adjetivos, volver a casa ebrios sin recordar por donde acabamos de pasar, darnos una ducha nocturna para luego abrigarnos entre las sábanas que noche a noche, mañana a mañana imagino nos alojan haciendo el amor, albergando el aguacero de nuestros cuerpos y lo pegajoso de nuestros adentros.

Todo es y lleva tu nombre vida mía.

La melancolía y el día que no acaba si estás lejos, lo que escribo y las hojas de los árboles que oscilan frente a mi inconsciente, en este ventanal donde hace un par de semanas nos reflejábamos los dos.

A Lu, con amor

Subo al piso 18 con ganas de una cerveza pero, en su lugar inundo un vaso de coca cola que corono con dos hielos.

Agarro el libro de Zambra y digo en voz alta: voy a terminar este puto libro porque me gusta y he tardado demasiado en leerlo, los niños preguntan cuántas páginas tiene, respondo: 421.

Decido no ir a la playa, estuve un par de horas en la piscina intentando agarrar algo de color y ya fue suficiente sol por hoy, leo con atención la página 232 de Poeta Chileno, pienso qué la historia se desapega de la inicial y ya no me parece tan atrayente saber del hijo de Carla y la gringa, más bien persigo saber si ella sigue junto a Gonzalo que por lo demás me despierta cierta simpatía y hasta me gusta porque guarda semejanza con el hombre que amo.

Despego la vista del párrafo dos gracias al maldito whatsapp… es domingo pienso- nadie del taller de escritura habla en domingo.

Las tragedias son así.

Leo tu nombre Lu, leo y releo y vuelves a estar ahí, en ese mensaje que paradójicamente dice, ya no estás.

Resuena en mi cabeza la última clase donde leíste tu texto, recuerdo que hablaba de una leche con chocolate, daba la impresión que añorabas a una niña, a esa niña que aun eras.

Diciembre es sinónimo de regalos y conocerte ese mes fue un regalo, mis brazos podrían haberte rodeado sin embargo, tú me abrazaste con fuerza, como si fuésemos amigas que la pandemia la vida lo cotidiano o la estupidez humana ha distanciado.

No tuvimos un lunes, llegabas tarde y yo viajaba el martes.

Voy a imaginar que estás en medio del agua cristalina y tibia de mi último texto, ese que tanto apreciaste y que por sobre todo interpretaste tan bien, tal vez hay que entregarse, dejarse llevar, mecerse en lo tibio, soltar, dejar que el sol y lo blanco de la espuma nos deje ciegos ante el miedo más no cobardes frente a la vida, el amor y la muerte.

Agua, agua y luego el mar

Cierra la puerta que se nos viene dentro! Me mira en calma yo en cambio desespero, ojos quietos ojos de madre te veo y es este nuestro sueño? Te ruego empuja la puerta pero no hablas e intuyo sabes todo, de seguro no vamos a morir aquí, tampoco a naufragar, es sal?

Sal/salina/ardor/ojos rojos/

Madre dime, hasta cuándo me verás zozobrar? La vida va siempre cuesta arriba, no puedo con nada más en noventa grados, me pregunto:

cuánto más puedo soportar?

Ola, la cresta, la espuma, chas chas, chasquido de dedos tus dedos, manos de madre, qué no tenga miedo?

Tenía seis años cuando nadando me fui hasta el fondo y un remolino de arena y algas me arrastró hacia adentro, abrí los ojos y pensé moría, esas son las manos de mi padre? Heme aquí respirando, padre eran tus manos.

Asientes cuando pregunto si tienes miedo, yo tengo pánico! Terror, odio también, se nos viene el agua cristalina, espera espera en serio en cristalina, chas chas madre mía vuelve el chasquido de tus dedos, necesitas despierte? Sabes? Tal vez no quiera. Y se empina con fuerza otra vez, casi puedo ver el monte Fuji en medio de las olas así como la estampó Hokusai, ahora la llevo en el antebrazo y sabes por qué? Porque ni las montañas pueden hacer algo frente a ciertos hechos y yo, yo no soy una montaña.

Agua/agua cientos de litros de agua/abres la puerta y todo fluye/todo brota/todo se mece/todo va en calma/

Estamos las dos, me miras no hablas, chas chas madre el chasquido de tus dedos me enfrenta a la realidad, me anego en mis pensamientos?

Sé que sí, sabes que sí.

Me arrullas hasta que duerma? Sécame el pelo después de nadar, me dices no tenga miedo que esto es agua,

agua y luego el mar.