Designio

Ensayaba el modo de recibirte cuando al fin vinieras.

Lo suave de mi cadera y tu mano en la amplitud de ella, que al unísono cogieras el racimo negro y profuso de mi pelo.

Nos habríamos reflejado en ese espejo, entre cóncavo y convexo,

en contrapunto con tu piel barniz mate y la mía, blanca como una hoja sin llenar.

-Tú:

Volátil

disperso

y viajero.

-Yo:

Persistente

conforme

y estática.

Me preguntas:

– ¿Lamentablemente tu respuesta, no modifica en un centímetro tu decisión?

Yo respondo:

-Ni un centímetro.

Pensar hallarnos en el mismo país, propone ser muy concreta para tu volatilidad, que es linda, pero nunca se enlazó con mi felicidad.

De todas formas, gracias.

No sé por qué, pero gracias.

Fin.

18/11

Afuera voces, multitud y demandas,

rayados, trincheras, banderas.

Aquí dentro el silencio,

tus libros,

la libreta de Bolaño y el tabaco.

Sosiego, tus ojos y sonrisa.

Las incontables ventanas,

verdes hojas que bambolean.

Y la ropa que se escabulle,

tu cuerpo sobre mí en abundancia,

multiplicados en el infinito,

frente a frente y no enfrentados,

la humedad que recorre tu espalda,

tu rumor estrecho en mi oído,

tu saliva en mi saliva,

acompasados, ígneos, perpetuos.

Imperioso es amarnos,

albergarnos en tiempos de guerra,

que sostengas mi mano

y cuidado! porque me enamoro.

Amantes de miércoles por la noche,

no dando tregua a la madrugada

y el miedo,

que se vuelve cobarde frente al amor.

Declaración de amor a Fernando

Repaso la dicotomía de éstas últimas tres semanas, mis dos años sola, las citas casuales donde jamás retuve un nombre y a las que no respondí mensajes de WhatsApp.

Mi exigencia a no enamorarme, a querer con desconfianza y a medias, mi huida cuando las cosas se volvían complicadas, historias amorosas de contrastes, de aventuras sin aventurarme.

Si “alguien” llegaba a mi vida y luego de un tiempo me veía doblando la esquina del querer, me iba sin explicación, dolía un par de días y al cabo de una semana ya no lo recordaba.

Pablo, abrió la puerta para conocer a ese “alguien” pero, a pesar de lo intenso que fue, jamás consideré enamorarme.

Hoy, que ya no está, todo encaja.

Me buscó durante semanas, porque necesitaba recordar que mi vida se edifica a través del amor en todas sus formas y con él, esa forma fue amistad incondicional.

Sin el inicio y fin de esa historia, la nuestra amor mío, era imposible.

Es por eso que todo cobra sentido este lunes y no otro, porque llegaste, porque existes, porque puedo leerte y además tener la fortuna de besarte y más allá de eso, que es un privilegio, puedo estar contigo en la misma cama, pensando en cómo hacerte saber lo mucho que te amo y en tan corto tiempo.

¿Es posible esto? Estoy entendiendo que sí.

Moriría si ahora o algún día te marchas o si este hilo nuestro dejara de existir, no resistiría padecer de desamor, dos veces en una misma vida…definitivamente no.

Y si bien, la primera vez pensé me enamoraba con ímpetu sorprendente, esta vez, tú vez Feña, es de una extraordinaria fuerza sideral.

Porque ya estoy entregada y mi amor es un derecho que puedes demandar, así también la naturaleza de mis pensamientos.

Te propongo amarnos bien, alegrarnos y complacernos, ser amigos, mejores amantes, todo el resto de tiempo que quieras.

Doy mi palabra a esa sonrisa tuya, que derriba miedos y traza el universo de colores frente a mí.

Descenso

Me pasmo en un cuarto vacío,vacío como coplas que cuentan mucho y dicen poco.

Escribir sobre las cosas me ha permitido soportalas, dijo Bukowski.

Deseo alguna vez unirme al bando de los que aman con escasez.

No saber que el futuro tiene un modo de llegar quieras o no.

Que el amor no sea un hogar, acaso un hotel de paso.

Deshacer una cama y no preparar la cena.

El tiempo verbal más difícil, es olvidar.

Empequeñecer como este poema.

Follar más frágil de conciencia.

Sentir la punta de tus dedos.

Fumar menos.

Decir adiós.

Olvidar.

Cactus.

Creer.

Recoger

Me encanta oír como arrastra la “R” cuando habla, su cuello, nuca y manos fuertes maltratadas por su oficio.

Fuma compulsivamente, no hay pausa entre uno y otro, el cigarro en el cenicero acaba convirtiéndose en un cilindro de cenizas y el taller, se colma de una bruma gris olor a tabaco.

Regularmente le caigo por las tardes y me enseña lo que hace, yo observo y me deleito con lo arrogante que es cuando está creando, fumamos, bebemos café si es temprano y cervezas si ya es de tarde, me besa y nos besamos apasionadamente como si no hubiese mañana, yo le como la boca y esos pómulos tan bellamente dibujados, me vuela la cabeza clavarle besos exaltados.

Con un poco de afecto, se ve infinitamente más apuesto.

Froto su espalda piel morena y le ayudo a aflojar los músculos que se apilan provocándole un fastidioso malestar, el tipo trabaja al menos 8 horas seguidas en la misma posición y eso lo está matando, alguna que otra vez dejo que mi mano se escape y toque algo más que un par de hombros.

Ya partiendo a almorzar agarra su chaqueta, advirtiendo que está mal puesta, me vuelvo hacia él y arreglo su solapa, me mira con esos ojos morochos que achina cuando ríe y me acaricia la mejilla con su barbilla, absorbo su olor.

A ratos me toma la cadera mientras recorremos la calle, un agarrón entre las piernas, una palabra picante al oído, un beso bien puesto y la advertencia de un: te voy a coger.

¿Saben algo? – Estoy desesperada esperando que cumpla con lo prometido.

Veamos quién coge a quién.

De jefas de mierda,correos y oficina.

Buenos días Hernán,

Ofrezco disculpas por la tardanza en mi respuesta.

Como menciona, es vital para esta compañía cumplir con los estándares de calidad y productividad estipulados en el manual de convivencia.

Declaro mi más absoluto rechazo a los sucesos que alude en su correo y me hace sentido la corchetera inmersa en el bidón de agua , pues Julián el muchacho en pasantía, colmó mi vaso en reiteradas ocasiones sin siquiera requerirlo, respecto del portátil me lo comentó el afectado, pero al volver a preguntar por el hecho y su desenlace, sólo recibí un – “Ya apareció”- sin mayor explicación y yo, tampoco profundicé en ello.

Dentro de todo lo que me cuenta, la buena noticia es que apareció la caja chica, lo que contiene es de uso reiterado y necesario para quienes convivimos en este lugar, curioso que surgiera desde el interior de la torta no?  no obstante, más curiosa me parece la manera en que me he enterado de aquella celebración, a la que por cierto, mi estimado jefe de proyectos, no fui invitada.

Sólo a modo de comentario, creo podría haberse acercado mucho antes a hablar conmigo, mi oficina no está tan lejana del escritorio de Mónica, la chica con la que todas las mañanas lo veo animadamente conversando y tomando café, incluso pasadas las 9:00 am. cuando ya todo el mundo está activo en sus labores, mientras que usted figura atascado enfrente del escote y piernas de mi asistenta.

Pese a todo, me comprometo a investigar los hechos y por supuesto, a encontrar al responsable de tan burlescos acontecimientos.

Hago extensivo mi saludo, reitero mi compromiso en la averiguación y quedo atenta a la solución que va a proporcionar para remediar su distracción matinal.

Sin más que acotar, saluda

Gracia Lucca

Subgerente Operaciones Zona Sur.

De Tinder y otros cuentos.

Amor alienígena

NO, NO, NO… LIKE, LIKE, LIKE, ¡MATCH!

Tres imágenes, un hombre guapo de sonrisa perfecta que logra el arco etéreo que no a todos se les da, un inocente aspecto, más una descripción breve y perspicaz, dan el vamos a esta historia.

La conversación fluye rápido y sin darnos cuenta han pasado dos horas, compartimos un sentido del humor que raya en lo absurdo e historias alienígenas que ni mi madre podría creer, a ratos se corta la comunicación y especulamos que la CIA y tal vez nuestros ”amigos” están en nuestra contra, así es que me aprovecho de esos intervalos y le dejo mi instagram para seguir en contacto.

Son casi la 11 de la noche y empiezo a creer que lo he perdido.

—A la mierda Tinder, no carga. —decía un mensaje en mi bandeja de Instagram—. Antes de responder reviso sus fotos y en varias de ellas percibo su anillo de matrimonio.

—¿Estás casado aún? porque si así fuese, no dejaría de hablarte, pero guardaré el amor que siento por ti, en una caja de fósforos que dibujaré y pintaré con nuestras iniciales, subiré el cerro en funicular, porque no soy muy atlética y la dejaré en un agujero que cavaré apoyada con una cuchara de té que robaré de mi casa —respondí al mensaje. 

—Lo dejé de usar hace tiempo, sólo hay fotos que ya tenía y la verdad, no me di cuenta, ojalá no subas a guardar la cajita —«Nunca», dije en mi mente al leer su respuesta.

Vivimos en distintas ciudades, pero para nuestra suerte coincide un viaje de él hasta aquí y vamos a vernos, la cita queda así: viernes 22 hrs. estación de metro Neptuno.

No es mi primer encuentro de esta clase y aun así estoy nerviosa.

Lo veo al principio del andén.

—Estoy hablando con un borracho, —leo en su mensaje de WhatsApp y me voy a rescatarlo. El saludo es tímido y el abrazo un poco a medias ¿nervios del momento?, ojalá sí.

Hablamos trivialmente hasta llegar al bar, un par de cervezas y abordamos la conversación en serio.

¿Mencioné que tenemos una historia en común muy difícil de explicar? ¡Muéranse escépticos! que con nuestros secretos tal vez no vuelvan a dormir y no sé si es pánico o amor lo que abunda, porque…¡rayos! no puede ser que hayamos vivido lo mismo en distintas épocas, yo le creo y él me cree, todo fluye y el universo nos guiña un ojo.

De estar sentados en diferentes sillas, hemos pasado a compartir una, nos estamos mirando casi sin parpadear y ya no sé qué ha sucedido, pero nos besamos cuantiosamente, cada vez que despego mis labios, miro su arco etéreo y puedo jurarles que veo centellas doradas a su alrededor y una especie de anestesia me anega la vida entera.

¿Son las 4:00 am?  hemos pasado 6 horas juntos, no queremos irnos y lo hacemos presente.

¿Buscamos un lugar? Yo vivo en esta ciudad y sé dónde podemos resguardarnos esta noche.

07:30 am. ¿Debemos irnos ya? Hace tres horas llegamos aquí y no podemos extenderlo más, caminamos juntos, nos despedimos, un beso con gusto a resaca y sueño, no sé si te vuelva a ver, no te voy a olvidar, sentada en el vagón y hacia distintos destinos recibo sus mensajes de agradecimiento a esta noche de risas, confidencias, besos y amistad, ¿hubo algo más? No fue sólo sexo, y en eso también concordamos.

Si me lees en este momento ser excéntrico, es importante que sepas, si de un puñado de personas e historias tuviese que elegir, sin duda iría directo a esa noche y a ti.

Martes 20:15

Lucía está de camino al trabajo, pero antes de eso hace una pausa y va a la vuelta de la esquina por un café, hace mucho frío y ya no siente los pies.

Le saluda el tipo amable de la barra, el que siempre está alegre y que sabe lo que ofrecer cuando la ve llegar.

En la mesa contigua a la puerta, está aquel hombre extraño que siempre va con la misma chaqueta y esos gruesos lentes. Se llama Paul, lo sabe porque últimamente se han topado allí más de una vez y él está leyendo un libro que en la tapa lleva escrito con lápiz tinta negra, su nombre y apellido.

Es solitario y no lleva anillo en el dedo, está divorciado, es viudo o ninguna de las anteriores. Mira con suspicacia y eso a Lucía le desagrada, no entiende por qué está en un lugar público si no le gusta el gentío.

Se ha sentado frente a él, no le quitará el ojo hasta que sus miradas se topen, quiere comprobar si se quedará viendo sus pupilas o descenderá hasta su escote.

Si la mira a los ojos (piensa ella) le hará un guiño o un gesto hasta lograr que la esquive, si se clava en el escote, se acercará y murmurará: ¡mis ojos están en lo alto bestia!

Pero nada de eso ha pasado.

Paul, clava sus pupilas en las de ella y le ha hecho un gesto dejándola totalmente descolocada, Lucía se levanta en dirección al baño como única reacción a la osadía del antisocial, pero piensa que deberá regresar a la mesa sin saber que hacer, entonces mejor se dirige a la barra y paga el café al hombre amable que se despide de ella deseándole suerte y aguardando en su imaginación verla mañana.

Paul victorioso, seguirá yendo al café, con el mismo libro entre las manos,aguardando en la misma mesa, hasta que la vea asomar con el profundo y placentero escote que tasó, desde que la vio entrar al lugar.